"Para un aprendiz de aquellos tiempos -destaca Freire- la máxima atracción era el afiche, al que se observaba y celebraba con criterios muy distintos de los de hoy. Había muchos especialistas de renombre y eran frecuentes los certámenes. También la ilustración llevaba a destacarse."
En 1949 se anunció en Buenos Aires un gran certamen de afiches. El primer premio, además de dinero en efectivo, consistía en un viaje de un año por Europa. "Me informó de la existencia de ese concurso un jovencito aprendiz: Rómulo Macció." Freire ganó el primer puesto. Fue uno de los ciento treinta premios nacionales e internacionales que obtuvo en treinta años de carrera, pero también el que lo catapultó definitivamente a su destino. En 1976 otra vez ganó, como primer premio, un viaje a Europa. Entonces, a los 55 años, decidió que era broche adecuado y se retiró de los certámenes. Aun así, en 1979 tuvo un ha-lago más: El Musée de ('Affiche, de París (Union des Arts Decoratifs, Palais du Louvre), incorporó a su colección una selección retrospectiva de su obra.
Un grito en la pared
"Arte es todo. Es la arquitectura, es el objeto, el aviso, la pintura", afirma Freire. "El arte es cosa espiritual, necesidad de expresión, asunto de sentimiento y, fundamentalmente, es comunicación. El mensaje de esa comunicación puede ser diverso y adoptar distintas formas. Por eso creo que el mensaje también puede ser publicitario y tener forma de afiche, aviso o folleto. gran diferencia entre el arte libre y el arte publicitario es, en todo caso, que en aquél no existe la pura y exclusiva finalidad comercial.
"Entre las muchas manifestaciones del arte publicitario -agrega- el afiche siempre fue una especie de aristócrata. Tal vez haya sido por su tradición, por el es-fuerzo de síntesis que requiere, por-que aparece ligado a la plástica o por depender más del ingenio que otras piezas.
"El afiche es parte del paisaje. Si grita, sale de él; si no, está muerto. Por eso sus grandes autores lo definieron como «grito en la pared», «escándalo visual», «telegrama al transeúnte» y «arte de la omisión»."
En esta rama de las artes utilitarias ("sin desdoro") descollaron nombres como Grasset, Capiello, Steinleh, Hodler, Mauzán (autor entre nosotros de la famosa cabez Geniol), Cassandre, y también icursionaron en ella pintores de la talla de Forain, T.oulousse Lautrec, Bonnard, Matisse, Picasso, Dalí, Miró y muchos más.