Como principal herramienta de propaganda de la Revolución Cubana, el póster exploró sus posibilidades artísticas y sobrevivió bajo el ojo vigilante del Estado castrista
Dentro de la revolución todo es posible, afuera nada, sentenció Fidel Castro, en un discurso que pronto se volvería una camisa de fuerza para los diseñadores gráficos cubanos. Antes de la Revolución del 59, los únicos pósters que circulaban en la isla eran las publicidades norteamericanas dirigidas al empresario yanqui que vaciaba (o llenaba) sus bolsillos en los casinos de Cuba. Pero el Constructivismo ruso ya había señalado el camino y Castro, que pronto se dio cuenta de la fuerza del póster como vehículo para comunicar mensajes revolucionarios, promovió una extensa producción gráfica que ahora puede conocerse en ¡Propaganda! Cuban Political and Film Posters. La primera de su tipo en Nueva York, la muestra presenta 100 pósters políticos y de cine creados entre 1950 y 1990. Es cierto que la censura estatal, sumada a las restricciones económicas, llevaron muchas veces a un empobrecimiento en la calidad de los trabajos. Pero también hubo excepciones, que se dieron principalmente en el campo de la gráfica de cine. Cuando las ideas de la Revolución tomaron fuerza, el mensaje político ya no necesitó ser diseminado con tanta vehemencia. En su lugar, los artistas comenzaron a diseñar para el naciente cine cubano, generando en el proceso un vocabulario que se apropió de elementos del Pop Art norteamericano, de la gráfica japonesa, polaca y checa. En un alarde de audacia los documentales producidos por el ICAIC (el Instituto Nacional de Cine Cubano) hacia fines de 1960 mezclaban escenas brutales de la guerra de Vietnam con música de los Beatles. Para Castro, los pósters ofrecían la mejor forma de promover estas películas en el exterior: eran una evidencia manifiesta de que Cuba, a diferencia del bloque del Este, permitía un arte moderno. "En países donde los funcionarios no podían hablar sobre Castro, el póster circulaba libremente, infiltrando las ideas revolucionarias y denunciando las contradicciones del capitalismo", relata Félix Beltrán, uno de los diseñadores gráficos presentes en la muestra.
Alejados de la severa tutela del Estado, la gráfica de cine proporcionó a los artistas un terreno de experimentación, que dio luz a los primeros pósters "de autor". Alfredo Rostgaard, Eduardo Muñoz Bachs, Rafael Morant, Antonio Fernández Reboiro, René Azcuy y Rafael Pérez (–iko) son algunos de los nombres que cobraron protagonismo durante esos años.
La caída de la Unión Soviética dejó a Cuba al desamparo. "Los barcos con cargamentos dejaron de llegar y la escasez de materiales fue brutal", recuerda Beltrán, "Cuando se terminaba un color, había que continuar con otro. Recuerdo un póster que llevaba las palabras ‘rojo’ y ‘negro’ pero como nos habíamos quedado sin colores, hubo que imprimir la palabra ‘rojo’ en verde."
El sistema castrista terminó expulsando a muchos de los diseñadores —algo semejante a lo que les ocurrió a los constructivistas en la Unión Soviética hacia 1920—. Pero para ese entonces, el uso de los pósters como herramienta política le había dado a Cuba una voz propia y original que traspasaba las fronteras de la isla para hacerse presente en los intersticios del mundo
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1982 Rodolfo Figueredo |
1986 Eduardo Basch |
1970 Alfredo Rostgaard |
Modesto Braulio Flores |