¿Cuántos atributos hacen falta para definir el diseño de losShakespear? Conciso y preciso; simple pero no desnudo; eficaz, pero con buen humor; presente, presente, presente. Y claro. Sí, CLARO
La claridad no viene de la forma sino de la idea. La idea de despegar la señal de la pared y llevarla al borde de la vereda en el proyecto de señalización de la ciudad de Buenos Aires. La idea de separar flechas de palabras en el mismo proyecto. La idea de darse cuenta que el hospital de Maternidad no era un hospital con tristeza y enfermos sino un lugar para gente joven llena de salud. La idea de juego que transforma al logo del Parque Temaikén en una danza. La idea del signo de admiración en el Club de Tenis Vilas. La idea; la idea; siempre la idea, que dirige al esfuerzo por ordenar el paisaje público sin exagerar la presencia de la señal, pero que, al mismo tiempo, lo enriquece. Y no se nota; la señales parecen naturales, como si siempre hubieran estado ahí, como si siempre hubieran sido así.
Las señales no se notan porque – como dijo Ronald recientemente – trabaja la oreja. Sí, la oreja del diseñador: para sentir la voz de la gente. Como en el caso del “Subte.” El lenguaje cotidiano rescatado; la señal se transforma en espejo. El código se hace natural. No más subterráneo, algo que nadie toma. “Subte.” Todos viajamos en "el subte" en Buenos Aires. Lo mismo en el Banco RIO, con su subrayado. No Rio de la Plata, ni Río de donde sea: RIO. Y en Boca: la cancha es camiseta y vice-versa. Juegos recíprocos que multiplican la fuerza de la imagen. Y, también, dan fuerza a la gente que se identifica con la marca.
Y después (y también antes, y siempre), la tenacidad. Tal vez Ronald la aprendió en el fútbol, y la contagió a sus hijos, Lorenzo y Juan, ahora socios de Diseño Shakespear. Lorenzo con su extraordinaria experiencia en diseño, tecnología y gestión que va desde su paso por Pentagram en Inglaterra hasta Chile. Juan, la columna vertebral tridimensional del estudio.
Pura energía. Pura obstinada tenacidad.
La tenacidad para realmente hacer las cosas, y hacerlas bien, a pesar de las dificultades logísticas, financieras y técnicas, y de las cegueras, los egoísmos, las miopías, las incompetencias y las maldades puramente humanas... Alan Fletcher dijo una vez: “No es difícil tener buenas ideas; lo difícil es realizarlas.”
Esa es la marca de los Shakespear: buenas ideas, sí; pero también enormes pedazos de metal esmaltado; y acrílico, vidrio, cemento, madera y acero, fijados en el paisaje público y haciéndolo hablar – en grande – en el idioma cotidiano.
Claridad, oreja y tenacidad. Y también encanto, sí, el encanto de la señal que vive con la gente.
Material sedido por Ronald Shakespeare