La otra es la proximidad de Müller-Brockmann a la música contemporánea, clásica y experimental. Sin dude no es un accidente que, gracias a ese interés y al conocimiento personal de la escena musical zuriquesa, haya obtenido, a mediados de los años cincuenta, el encargo de ocuparse de los aburridos y desentendidos carteles para conciertos. Conociendo su celo misionero, se puede suponer que aceptó la iniciativa para convencer a la dirección de la (Tonhalle) de la conveniencia de innovar en los carteles de conciertos.
Su afinidad con el campo de la música, así como con el del arte constructivista geométrico permitieron a Müller-Brock¬mann crear, en el curso de dos décadas, una formidable secuencia (le carteles para concierto, elevando así un sector, descuidado hasta entonces, de las artes gráficas del cartel a una altura ejemplar. Dos condiciones, innatas en el diseñador, han conducido a estos resultados tan poco comunes. La única coincidencia es que un cliente (el entonces director de la sociedad de conciertos de Zurich) reconociera estas características, o bien que Müller-Brockmann hallara un cliente que confió implícitamente en él y que le ofreció una oportunidad para le autorrealización. El diseño gráfico de un cartel de concierto tiene una simple función informativa. Se dirige a un público claramente definido en términos relativos: un auditorio potencial de recitales y conciertos de música de cámara o sinfónica. Debe comunicar cierto número de hechos: la fecha y lugar de la actuación, el programa, los nombres del director y de los solistas y una referencia a le oficina expendedora de entradas. Terna poco inspirador, información en forma de texto, prejuiciado según el énfasis puesto en el compositor, en el director o en los solistas. Por esta razón, los programas de concierto suelen ser (y lo son aún) producidos en tipografía convencional por los editores de carteles. Cuando Müller-Brockmann aceptó el diseño de carteles para la (Tonhalle), comenzó por mejorar la tipografía. Los cambios iniciales muestran que podían ser realizadas considerables mejoras formales reduciendo el número de cuerpos tipográficos y de las áreas de texto impreso, y mediante una clara disposición espacial de los elementos tipográficos. En estas adaptaciones Müller-Brockmann siguió los principios de le mueva tipografías iniciada por Jan Tschichold y otros en los años veinte, que experimentó un desarrollo ejemplar, junto al arte constructivista, con artistas como Max Bill.
El diseñador podría haberse quedado satisfecho con la innovación tipográfica del cartel de concierto. Pero entonces surgió el compromiso personal de Müller-Brockmann con la música. Su búsqueda del arte geométrico-constructivista (es decir, abstracto) le condujo a reconocer que existe un cierto paralelismo entre la música - la más abstracta de todas las artes - y el arte visual, si se hace remontar el arte a una interacción ele elementos básicos de forma y color en una composición rítmico-dinámica. Teniendo en cuenta ésto y aplicando los principios del arte constructivista, Müller-Brockmann intentó desarrollar los carteles de concierto de manera que la esfera - abstracta - de sonido fuera visualizada por ciertas constelaciones características de forma y color. Esas composiciones formales males de color no tenían ni la función de ilustrar la música, ni tampoco la de simplemente destacar el mensaje del cartel.
No. Lo que Müller-Brockmann tenía en mente con esta categoría particular de carteles culturales era hallar una lumia específica de hacerlos reconocibles inmediatamente en cualquier cartelera y fácilmente distinguibles ele otros carteles de categorías y propósitos diferentes. Para valorar debidamente las intenciones de Müller-Brockmann conviene recordar que, hasta entonces, el carte l convencional de concierto era un pariente próximo al igualmente cartel convencional para un partirlo de football, Lo que se consi¬guió con este empeño fue dar al cartel de concierto su particular forma y status. Los carteles de concierto de Zurich de Müller-Brockmann han contribuido significativamente a mejorar y levantar, durante dos décadas, el nivel estético ele la exhibición de carteles. Además, dieron lugar a tentativas similares en otros sitios, incluso en el extranjero.